Alex Paknadel y Justin Mason recuperan a los clásicos villanos mutantes con un giro inquietante: soldados traumatizados convertidos en máquinas de matar.
Con guion de Alex Paknadel —un autor que personalmente siempre me ha parecido interesante—, la historia plantea una idea curiosa: vuelve a tratar a los centinelas de un modo muy parecido al de la época de Bastión, cuando Carlos Pacheco dibujaba los X-Men. Se retoma ese enfoque, pero con una nueva perspectiva, como si esta tecnología regresara para convertirse en una herramienta de control, ya no solo para cazar mutantes, sino para mantener el orden en general.
Recuperar viejas tramas
Es, en esencia, un regreso al planteamiento clásico de la franquicia: los centinelas como amenaza. Pero aquí se presenta con un giro más inquietante. En este caso, los centinelas son soldados que han sufrido traumas graves y se ofrecen como voluntarios para convertirse en asesinos tecnológicos. Todo esto se enmarca dentro de una iniciativa en la que, por ejemplo, la antigua escuela de jóvenes talentos de Xavier se transforma en la prisión Grimalkin, lo que ya dice mucho del enfoque de la historia.
El cómic se centra mucho en personajes secundarios y, en particular, en la figura de la familia Trask: en el hijo del creador original de los centinelas. Se desarrolla en torno a un fallo persistente en la tecnología, algo que siempre ha estado ahí, ya que nunca ha funcionado del todo bien. Pero el fallo, esta vez, apunta a la creación de centinelas “perfectos”, más cercanos a lo que sería Nimrod, y conecta con lo que pasó en la era de Krakoa. Todo ese proceso de evolución, que parecía llevar al fin de los mutantes, aquí reaparece como la amenaza de una evolución tecnológica aún más peligrosa.
Lo bueno viene en botes pequeños
La serie es corta, pero se toma su tiempo para profundizar en los personajes y en el entorno general mutante. Eso sí: casi no hay mutantes. Aparecen, pero como objetivos o amenazas —como Rojo Omega—, y hay una especie de aparición de Magneto, aunque solo entendible si uno ha leído otra historia relacionada: Mística.
Una guerra “anti mutante” que resuena con la actualidad
En el fondo, creo que lo que se está contando es una historia sobre estrés postraumático: sobre personas destrozadas por una guerra que acaban entrando en otra, más pequeña, más sucia, más doméstica. Es una guerra que parece formar parte ya del propio Estados Unidos. No hablo solo a nivel político, sino a un nivel más profundo, como si se hubiera asumido que hay un conflicto constante dentro del propio país. Y eso se refleja en la narrativa.
Sin que sea literal, se puede hablar aquí del paralelismo con las fuerzas paramilitares o con los mecanismos de control internos del gobierno, como el ICE, por ejemplo. Aun así, Centinelas no es un cómic que vaya a revolucionar la franquicia mutante ni a marcar una nueva etapa. Pero sí permite recuperar a estos clásicos villanos desde un enfoque más humano y a la vez más cercano al original, con robots gigantes, sí, pero también con personas detrás.
Horror tecnológico en un universo superheroico
Es interesante, como casi todo lo que hace Paknadel, aunque quizá en este caso se acerca demasiado a una historia de robots o de “Frankensteins”, y se echa en falta que sacara más partido a todo lo que plantea. En cuanto al dibujo, Justin Mason a mí me gusta. Tal vez no sea el artista ideal para una historia puramente superheroica, pero sí lo es para algo más tirando al terror, y ahí cumple muy bien.
De hecho, gran parte del cómic tiene un tono donde el terror es tan importante como la acción. Es una miniserie especial en la que se recuperan personajes clásicos que antes no tenían personalidad, solo eran robots controlados por otros. Aquí se les da una dimensión más humana al introducir a los soldados. Y también se sugiere el nacimiento de centinelas que podrían ser el paso previo a Nimrod. No se pierde del todo lo que ya se había contado en la etapa de Krakoa, donde se intentó eliminar a las inteligencias artificiales como amenaza. Aquí, sin embargo, se mantiene esa idea latente, y se conserva el vínculo con el universo clásico mutante.
¿Tú qué opinas? ¿Los Centinelas deberían quedarse como villanos clásicos o este nuevo enfoque más humano y terrorífico los hace aún más interesantes?