Descolonización: historia inconclusa de los últimos pueblos bajo tutela

Los territorios aún bajo el yugo colonial, o, según la fórmula de la ONU, «cuyas poblaciones aún no son completamente autónomas», conciernen principalmente a tres supuestas potencias «administrativas»: el Reino Unido, Estados Unidos y Francia.

ONU.- Aunque la descolonización transformó el mundo en el siglo XX, no borró las relaciones de poder económico ni las desigualdades que crearon. Este es el recordatorio que el Secretario General hizo este lunes, en un discurso pronunciado en su nombre en Nueva York durante una reunión del comité especial de la ONU encargado del expediente.

«La descolonización ha sido un objetivo de las Naciones Unidas desde sus primeros días», dijo Guterres, subrayando que la organización fue concebida «como un lugar donde las naciones pueden reunirse como iguales, no como gobernantes y gobernadas».

El balance global es significativo. Más de cien Estados han conseguido la independencia desde la creación de la ONU en 1945. «Nuestro mundo ha avanzado mucho», insistió Guterres, señalando que hoy más personas disfrutan «del derecho y la dignidad de la autodeterminación».

La independencia no acaba con la historia

Pero la historia no se cierra tan fácilmente. «El legado del colonialismo ha dejado profundas cicatrices», advirtió, refiriéndose a mecanismos de explotación económica duraderos, pero también a «racismo, desigualdad y exclusión persistente de los órganos de toma de decisiones». En otras palabras, la emancipación legal no garantiza la verdadera igualdad ni la soberanía económica.

En términos concretos, estos territorios cubren un mosaico de situaciones. El Reino Unido administra Anguilla, Bermudas, las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán y las Islas Malvinas. Estados Unidos sigue siendo responsable de Guam, Samoa y las Islas Vírgenes de Estados Unidos, mientras que Francia mantiene Polinesia Francesa y Nueva Caledonia en la lista de la ONU. A este grupo hay que añadir Tokelau, bajo la administración de Nueva Zelanda, así como el Sahara Occidental, un territorio anteriormente ocupado por España cuyo proceso de descolonización sigue incompleto y cuyo estatus es objeto de una larga disputa internacional que involucra especialmente a Marruecos.

En varios de estos territorios, a menudo pequeñas islas dependientes del exterior para su energía, alimentación o seguridad, la cuestión colonial está ahora entrelazada con vulnerabilidades contemporáneas: endeudamiento, dependencia del turismo, exposición aguda a los choques climáticos. El debate sobre la autodeterminación ya no es solo una cuestión de derecho internacional, sino que ahora trata sobre modelos económicos y la capacidad concreta de decidir sobre el propio futuro.

17 territorios, una prueba política

«Hoy en día, quedan 17 Territorios No Autónomos», dijo Guterres. Su diversidad dificulta adoptar un enfoque uniforme. Algunos exigen más autonomía, otros independencia y otros más favorecen mantener el statu quo por razones económicas o de seguridad.

Ante este mosaico, el Secretario General pide un enfoque pragmático. «Tres prioridades deben guiar su destino», dijo, insistiendo primero en «un diálogo inclusivo» entre los territorios implicados, las competencias administrativas y los Estados miembros, «caso por caso», de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas y las resoluciones pertinentes adoptadas por los países.

Este lenguaje diplomático expresa una realidad sensible. La descolonización, lejos de ser un proceso mecánico, siguió siendo un campo de tensiones políticas, a veces de rivalidades estratégicas, donde se cruzaban los intereses nacionales, las identidades locales y los cálculos económicos.

La siguiente generación en primera línea

La segunda prioridad mencionada por el titular de la ONU es la juventud. «La visión y el liderazgo de la próxima generación son esenciales para construir un futuro productivo e inclusivo», subrayó.

En varios territorios no autónomos, la demografía acentúa este desafío. Los jóvenes, a menudo confrontados con economías estrechas o dependientes, oscilan entre el apego local y la tentación del exilio. Por tanto, su lugar en los procesos políticos se vuelve decisivo. Sin perspectivas tangibles, la autodeterminación puede parecer abstracta o incluso secundaria ante emergencias sociales.

El clima, el nuevo frente de la descolonización

La tercera prioridad definida por el Secretario General introduce una dimensión más reciente, la de la emergencia climática. «La mayoría de los territorios son pequeñas islas», dijo Guterres, donde el aumento del nivel del mar, la erosión costera y los fenómenos meteorológicos extremos «tienen un gran impacto». Su llamamiento es directo: «Les insto a poner la resiliencia y la adaptación en el centro de sus discusiones».

Esta insistencia refleja una evolución importante. Para muchos de estos territorios, la cuestión ya no es solo política, sino existencial: la capacidad de sobrevivir físicamente podría condicionar cualquier trayectoria de autodeterminación. La descolonización queda así superada por el Antropoceno.

Una historia inconclusa

El pasado diciembre, las Naciones Unidas celebraron por primera vez el Día Internacional contra el Colonialismo en Todas sus Formas. Un símbolo, sin duda, pero que también subraya la brecha entre la memoria oficial y las realidades contemporáneas. «Aunque mucho ha mejorado, el trabajo queda por hacer», reconoció el Secretario General, llamando a esfuerzos «implacables» continuos para «avanzar en la descolonización para todos».

Ocho décadas después de las primeras oleadas de independencia, los imperios coloniales han desaparecido de los mapas, pero sus líneas de fractura siguen estructurando el mundo.

https://news.un.org/es/story/2026/02/1541147

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