Uitwaaien, la costumbre holandesa de relajarse frente a insoportables ráfagas de viento

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Países Bajos tiene una relación peculiar con su geografía. Los motivos son tan
geográficos como históricos. Arramblados en un rincón de la gran meseta
europea, allá donde las tierras bajas del continente dan al Mar del Norte, los
holandeses siempre han debido ingeniárselas para imponer su ley, la lógica del
ser humano, sobre la de los elementos. El elemento más reconocible y célebre
de este proceso son los “polder”, presas y bombas gigantescas que drenan el
agua para crear tierra firme.
Todo esto ha tenido un impacto decisivo en la cultura y la forma de vivir de sus
habitantes. Países Bajos es sin duda la nación que con más talento ha
amaestrado el agua. Pero allá donde abunda el líquido elemento escasean las
montañas, cuestión que les ha llevado, en ocasiones de forma obsesiva, a
buscar puntos elevados en los que protegerse de las virulencias del Mar del
Norte. Como vimos, sólo en Países Bajos la posibilidad de construir una
montaña artificial megalómana y gigantesca es objeto de un interesante debate
público, medio en broma medio en serio.
La condición eternamente llana y expuesta del país provoca que uno de los
elementos más definitorios de su clima sea el viento. Holanda es un país que
obliga a convivir a menudo con enormes rachas de vientos fríos, muy en
especial cuando se sale de sus coquetas ciudades. Pero como en otros aspectos
relacionados con su geografía, los holandeses han sabido hacer virtud de una
circunstancia que para otros es un engorro insoportable. Y tienen una palabra
para explicarlo: “uitwaaien”.
Tal y como explica Wikictionary, “uitwaaien” está compuesto por “uit”
(traducido aproximadamente como “exerior”) y “waaien” (algo parecido a
“soplar”, relativo al viento). Se trata de una expresión coloquial que en
conjunto se puede traducir como “salir al exterior cuando sopla mucho el
tiempo, en la naturaleza o en un parque, como forma de refrescarse a uno
mismo y despejar la mente”. Poner la cara frente al indomable viento del norte,
sufrir sus latigazos, curtir la piel frente a sus soplidos. Y al mismo tiempo
entrar en un estado de relajación y claridad.
Uitwaaien

La palabra ganó cierta popularidad en los ámbitos anglosajones hace unos
meses, cuando una investigadora publicó en Nautilus un artículo glosando las
virtudes de tan singular práctica holandesa. “Uitwaaien” consistiría en pasar
tiempo al viento libre, como quien acude a la playa a broncearse o al tomar
unas cervezas a una terraza cuando cae la noche en verano. A menudo a pie o
en bicicleta, “es algo que haces para despejar tu mente y sentirte refrescado”,
una forma de “expulsar los malos humos” e inhalar los buenos “aires”. Tan
placentero como sencillo y relajante.
Lo cierto es que la palabra es de uso corriente en plataformas como Instagram,
donde las publicaciones adheridas a su hashtag consisten a menudo en
holandeses al aire libre. Algo que en la mayor parte de las ocasiones implica
ponerse de cara al viento. Es posible rastrear la historia del concepto en
Internet a años tan tempranos como 2010. Más que una práctica y una
tendencia concreta, se trataría de un término cotidiano y connatural a los
holandeses. Disfrutar del exterior. Y de las virtudes purificadoras de vientos
enrabietados.
Correr contra el viento, abrir la mente
A su modo “uitwaaien” es la variante holandesa al “hygge”, aquel concepto tan
normal para los daneses y revestido de un carácter extraordinario por las
tendencias contemporáneas. Allá donde Dinamarca disfruta de la calidez del
hogar y de la chimenea en tiempos de extrema frialdad meteorológica, los
holandeses hacen lo propio al aire libre. Bastante menos confortable desde un
punto de vista previo, pero seguramente más útil para la mente. No hay estrés
que una buena dosis de viento no pueda evaporar.
Hay un punto de historia y de reconocimiento de las fronteras de uno mismo en
la idea de salir al aire libre y disfrutar, simple y llanamente, del viento. Como
se recuerda aquí, fueron los vientos los que permitieron a los holandeses, al fin
y al cabo, dar la vuelta al Cabo de Hornos y extender las ramificaciones de su
comercio, asentando las bases de una de las naciones más prósperas de
siempre. También tiene un punto romántico: “uitwaaien” implica salir solo al
aire libre, reencontrarse con la naturaleza, sentir su inmensidad, y reconciliarse
con uno mismo a nivel interno.
Como quiera que el término lleva siendo objeto de interés desde 2005, como
ilustra este artículo de la BBC, aunque sea casi siempre enmarcado en
colecciones de palabras “intraducibles” de otros idiomas, “uitwaaien”, tan
común como “salir a que te dé el aire”, se ha convertido en un pequeño objeto
de culto espiritual. Un remedio a aquellos días de absoluto atasco mental donde
el cerebro apenas encuentra resquicios de descanso entre tantas ocupaciones.
Parece intuitivo pensar que lidiar con el viento pueda tener un carácter liberador, creador de espacio.


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