Lágrimas de cocodrilo: el llanto manipulador vs. el llanto saludable

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El llanto es un sistema de comunicación. Es el primero que tenemos los seres humanos. Cada vez que lloramos, liberamos la hormona del apego: la oxitocina. Así, generamos empatía, reducimos el estrés y expresamos nuestras emociones. Es por ello que llorar resulta liberador y nos hace bien.

Hasta el día de hoy, la cultura (ese gran bazar de ideas, de las cuales algunas son muy buenas y otras, muy malas) nos enseñó que los hombres no debemos llorar. Se estudió que, en general, los hombres lloran cuando ven una película de guerra donde el héroe rescata a su novia y muere. Al mismo tiempo, la cultura nos transmitió la idea de que las mujeres lloran por cualquier cosa. “No llores como una nena”, dicen algunos minimizando y descalificando un sistema de comunicación tan extraordinario como las lágrimas.

Cuando soltamos lágrimas, estas pueden ser una señal de dolor, frente al hecho, por ejemplo, de atravesar un duelo debido a una pérdida importante. En realidad, el llanto es un elemento más de ese camino denominado duelo. No existe una única manera de “duelar”, pues cada uno lo hace como puede. Las lágrimas aparecen como una expresión de la tristeza y, muchas veces, también de la bronca.

Algunas personas lloran frente a cualquier situación, incluso cuando están muy contentas. Entonces, pueden llorar por la muerte de un ser querido, por una novela o película, por el triunfo de su equipo preferido, por lo que escucharon que le ocurrió al vecino, etc. Se trata más bien de un llanto superficial, o lo que se conoce como sentimentalismo. Pero existe un llanto, que es justamente el tema de esta nota, que es el llanto manipulador. Lo que solemos llamar “las lágrimas de cocodrilo”. Es una expresión muy interesante y viene del hecho que, cuando el cocodrilo está tragando a su presa, esta presiona sus glándulas lacrimales y así se produce el llanto. Vemos que, metafóricamente, hay un llanto que “nos está comiendo”.

Alguien que llora para manipular suele victimizarse y utilizar sus lágrimas para evitar pelear o para lograr que el otro sienta culpa. También puede utilizar el llanto como un pseudo-arrepentimiento. Como es el caso del maltratador violento que, primero, pega, grita e insulta; y, luego, viene llorando y dice: “Te pido perdón”. Trae flores, regalos y la promesa de no volver a hacerlo. Este, de ningún modo, es un llanto genuino, sino que tiene el objetivo de obtener un beneficio.

Algunos le temen al hecho de llorar frente a otros y reprimen sus emociones. Pero, por el bien de nuestra salud y, sobre todo, en tiempos de crisis como el que vivimos, necesitamos darnos permiso para expresar lo que sentimos. Cuando alguien esté llorando genuinamente, empaticemos con esa persona y acompañémosla en ese momento difícil que está atravesando.

Recordá esto: llorar no nos hace débiles; todo lo contrario, nos hace fuertes porque el llanto es otra forma de comunicarnos.

Acerca de Bernardo Stamateas

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Luego de cursar la secundaria en los colegios Larroque y Mariano Moreno, estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy. Es Sexólogo Clínico. Hace dos años que es Doctor en Psicología, recibido en la Universidad del Salvador, Buenos Aires.
Es Pastor de la Iglesia Bautista Ministerio Presencia de Dios, en el barrio de Caballito, Ciudad de Buenos Aires. Destacado escritor y conferencista a nivel nacional e internacional, recorrió seis veces el territorio argentino gracias a sus conferencias. Sus libros hoy son leídos por todos los sectores de la sociedad. Varias de sus obras se convirtieron rápidamente en best sellers del mercado argentino. Visitó todo el territorio argentino brindando asesoramiento y capacitación, como cientos de charlas abiertas al público en general en las ciudades más importantes de nuestro país. Su nombre es referencia obligada a la hora de hablar de liderazgo y superación personal.


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