Un programa italiano indaga sobre restos de desaparecidos sin identificar

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En ocasión del 24 de marzo, RAI News 24 (Radio y Televisión Italiana) junto a la agencia argentina Télam han colaborado en un detallado envío titulado “600 cuerpos: la identidad cancelada de los desaparecidos”, en referencia a los restos de todas esas personas desaparecidas durante la dictadura militar en la Argentina que todavía no encuentran un nombre.

ROMA.- El programa presenta no sólo testimonios de familiares de desaparecidos sino también de autoridades argentinas y del Equipo Argentino de Antropología Forense, que se está ocupando de los restos de estas 600 personas. Entre ellos tal vez se podrían encontrar los de los 65 italianos todavía buscados en la Argentina. Este episodio del programa “Spotlight” fue difundido por la RAI en Italia en la noche del 23 de marzo y en la Argentina se verá con posterioridad.

El genocida Carlos Luis Malatto.

El envío incluye explicaciones históricas sobre lo que significó la dictadura argentina y el patético Plan Cóndor que permitía el traslado clandestino de los presos políticos entre los distintos países del Plan, pero también algunos “escraches” a dos exponentes de dictaduras latinoamericanas acusados de la muerte de varias personas y que todavía viven en libertad en Italia.

Uno fue el teniente coronel Carlos Luis Malatto, del tristemente famoso por RIM 22 (Regimiento de Infantería de Montaña) de San Juan, cuyo proceso en Italia está todavía en la fase sumarial, es decir en la fase previa en la que los fiscales investigan para determinar si la persona debe ser enviada a juicio o no. El otro caso fue el uruguayo Jorge Néstor Troccoli, que trabajaba para los servicios secretos de la marina uruguaya, siempre en el contexto del Plan Cóndor, condenado a cadena perpetua en Italia pero cuya condena todavía no ha sido confirmada en forma definitiva.

Jorge Alberto Biltes, estudiante de Sociología, a los 19 años, fue arrestado por militares del RIM 22, el 26 de marzo de 1976, en la casa de su familia en San Juan, junto a su padre y otros tres hermanos. Fueron conducidos a un centro clandestino de detención, ubicado en el edifico de la ex Legislatura sanjuanina. El padre, Emilio Biltes, un periodista muy conocido entonces en San Juan, y tres de los hijos fueron liberados al día siguiente. Pero Jorge Alberto fue detenido por 18 días, pasando por el RIM 22 y terminando en el Penal de Chimbas, donde fue torturado física y psíquicamente.

Jorge Alberto Biltes murió en 2013 de un infarto, en Córdoba, donde vivía. Pero antes, en 2012, había declarado como testigo en el proceso por “Delitos de Lesa Humanidad” que se hizo en San Juan contra varios militares, entre ellos Osvaldo Benito Martel y Jorge Antonio Olivera. Mariano Biltes, uno de los hijos de Jorge Alberto, vive en Italia desde 2001. En Sicilia, más precisamente en la ciudad de Milazzo (provincia de Messina), no muy lejos de la casa donde vive el represor ítalo-argentino Carlos Luis Malatto del RIM 22, en Portorosa, siempre provincia de Messina.

Mariano Biltes reconoció que desde que vive en Italia supo muchas cosas sobre su padre porque él nunca hablaba de lo que le había sucedido. Así fue como decidió aceptar la invitación del grupo de periodistas del programa Spotlight de la Rai para tratar de entrevistar a Malatto. Frente a su casa, en el country de Portorosa, lo escracharon con la cámara cuando salía. Mariano le hizo ver una foto gigante de su familia preguntándole si la conocía, le dijo el nombre de su abuelo que en San Juan era muy conocido. “Su pelotón ha sido condenado en la Argentina. ¿Y usted por qué se escapa? Usted tiene que dar una respuesta a la justicia”, decía Mariano mientras Malatto no respondía y se metía en el auto para escapar de los que lo escrachaban.

Emilio Biltes, el abuelo de Mariano y padre de Jorge Alberto, era considerado casi el “decano” del periodismo de San Juan. Poco antes del golpe del 24 de marzo de 1976 había publicado varios artículos sobre la importancia de la democracia. Y algunos atribuyen el secuestro de su familia al hecho de que él había escrito esos artículos, una suerte de advertencia para que no lo hiciera nunca más. Además, Jorge Alberto estudiaba Sociología en la Universidad de San Juan, una carrera que era considerada “comunista y “terrorista” por los militares.

“Mi padre no era un militante político -contó Mariano-, aunque varios de sus hermanos eran peronistas. Cuando los militares del RIM 22 llegaron a la casa de mi abuelo, habían cortado la calle y entraron más de 10 milicos preguntando por Jorge Alberto. En la casa había una reunión familiar, estaban todos, incluidas novias y esposas”. El Ejército al parecer no tenía ninguna orden de allanamiento pero terminó llevándose a Emilio y cuatro de sus hijos, Luis, Carlos, Juan y Jorge Alberto, pero a ninguna mujer. “Revisaron toda la casa y se robaron un montón de cosas, como una máquina de escribir, libros y dinero, entre otras”, recordó Mariano.

Los llevaron encapuchados y atados a la ex Legislatura, donde los interrogaron y a los muchachos los torturaron. A Emilio no. Lo trataron como un “preso político de excelencia”. Al día siguiente los liberaron, pero no a Jorge Alberto. A Jorge Alberto le hicieron de todo, primero en el RIM 22 y luego en el Penal de Chimbas. Siempre vendado, siempre atado, lo torturaban con la picana, simulaban un fusilamiento, le hacían cantar el Himno Nacional para que, le decían, muriera como patriota, lo amenazaban con que lo violarían. Le preguntaban insistentemente sobre un libro que se llevaron de la casa del abuelo, Una revolución silenciosa, tal vez porque la palabra “revolución” les hacía suponer otras cosas. “Pero el libro, del que mi padre no tenía ni idea, hablaba de los cambios en el mundo desde que el Señor Ladislao Biro inventó la birome”, recordó Mariano.

Emilio movió todos sus contactos para tratar de liberar a Jorge Alberto. Finalmente un comandante de Gendarmería que él conocía, le hizo saber que había ido a parar a la cárcel de Chimbas y después de algunos días, que tal vez lo liberarían. Pero dijo que se ocuparía él de llevarlo a casa porque a veces los militares los dejaban en libertad y luego los mataban por la calle, argumentando que se habían escapado. El comandante lo llevó a la casa de sus padres.

“Mi padre tenía 56 años cuando murió. Todo aquel período de terror le marcó la vida. Me acuerdo de que cuando yo era chico que trasmitieron por televisión La noche de los lápices. Mi papá no pudo verla. Mis tres hermanos y yo tenemos una conciencia muy triste de lo que fue aquel período pese a que no lo vivimos”. Por eso, concluyó convencido, “Malatto tiene que ser procesado. Este tipo no puede salvarse así. Después de todo lo que hizo no puede irse de paseo con su barquito por el Mediterráneo. Es inaceptable. Acá o en la Argentina tiene que ser procesado.”

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