Se inicia la Década de la Restauración, una misión global para revertir los daños sobre los ecosistemas

Fundación Vida Silvestre Argentina destaca que el desafío de esta nueva etapa es transformar los compromisos asumidos en acciones concretas, tangibles y medibles.

BUENOS AIRES.- El 5 de junio se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente, fecha establecida por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1974, con el fin de promover un momento de inflexión en el desarrollo de la política internacional con respecto a la problemática ambiental. El lema de este año es “Reimaginar, recrear, restaurar”: la propuesta pone foco en la restauración porque se pierden 10 millones de hectáreas de bosques cada año, y busca detener y revertir los daños para migrar hacia un nuevo paradigma, fomentando acciones transformativas que permitan alcanzar una relación positiva entre las personas y la naturaleza.

Para conseguirlo, este 5 de junio comienza el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de Ecosistemas (2021-2030), una misión global para revivir miles de millones de hectáreas, desde bosques hasta tierras de cultivo, desde la cima de las montañas hasta las profundidades del mar. Solo con ecosistemas saludables podemos mejorar los medios de vida de las personas, contrarrestar el cambio climático y detener el colapso de la biodiversidad. Es una oportunidad e iniciativa a nivel global para detener, reducir y revertir la degradación de los ecosistemas y así garantizar un futuro sustentable para todas las personas.

“Es importante abarcar múltiples áreas y trabajar en cada una de ellas para revertir la curva de pérdida de biodiversidad que hemos generado durante todos estos años. Ahora es el momento de detener y revertir la degradación de nuestro planeta a partir de la restauración de ecosistemas y la modificación de nuestros hábitos, porque estamos ante la última oportunidad de prevenir un cambio climático catastrófico. Son objetivos ambiciosos, pero es una oportunidad única, convertirnos en la Generación de la Restauración” señaló Manuel Jaramillo, director General de Fundación Vida Silvestre.

¿Cuál es el valor de los ecosistemas?

La mitad del PBI mundial depende de la naturaleza y cada dólar invertido en restauración genera hasta U$D30 en beneficios económicos.

Los bosques proporcionan agua potable a un tercio de las ciudades más grandes del mundo; también albergan el 80% de los anfibios, 75% de las aves y 68% de mamíferos.

Al menos 2 mil millones de personas dependen del sector agrícola para su sustento, en particular las poblaciones de escasos recursos y rurales.

Los humedales almacenan casi el 30% del carbono global del suelo.

Los árboles en la vía pública proporcionan una reducción de alrededor de 0,5°C a 2,0°C en las temperaturas máximas del aire en verano, beneficiando al menos a 68 millones de personas.

Alrededor de 53 millones de personas en la región se benefician de los servicios ambientales que se generan en el hábitat del yaguareté en toda América. Además, la conservación del hábitat del yaguareté contribuye significativamente a la mitigación del cambio climático, ya que abarca bosques que cubren más de 4.80 millones de km2 y capturan importantes cantidades de carbono estimadas en 125.90 gigatoneladas.

La degradación de los suelos podría reducir la productividad mundial de alimentos en un 12%, provocando que los precios de los alimentos aumenten un 30% para 2040.

Degradación de los ecosistemas

Las poblaciones mundiales de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces sufrieron una disminución promedio del 68% debido a la destrucción ambiental por las actividades humanas. En América Latina la reducción, en promedio, fue del 94% y las principales amenazas son la alteración de bosques, humedales, pastizales y sabanas, la sobreexplotación de especies, el cambio climático y la introducción de especies exóticas. Cada año en el mundo se deforestan 10 millones de hectáreas de bosques, el equivalente al tamaño de la República de Corea, o el doble de la superficie de Costa Rica.

El Bosque Atlántico, ecorregión que compartimos Argentina, Brasil y Paraguay, originalmente cubría 1.345.300 km2, en los últimos 40 años fue reducido significativamente por la deforestación, la urbanización y la producción agrícola y ganadera, y hoy queda sólo el 17% de los bosques originales.

El Gran Chaco se encuentra entre uno de los 24 frentes de deforestación a escala global, 9 están en América Latina.

En las costas bonaerenses, el 80% de los residuos encontrados en las playas bonaerenses fueron plásticos. Una alarma que nos indica que la contaminación por plástico y el manejo de los residuos derivados, necesita ser parte de las soluciones para proteger los océanos del mundo. (Censo de Basura Costero Marina que Fundación Vida Silvestre Argentina)

En Argentina se descartan al mar más de 110 mil toneladas de merluza en buen estado al año.

Oportunidades y beneficios

Hay oportunidades de restauración en 2 mil millones de hectáreas de tierras forestales deforestadas y degradadas en todo el mundo, un área más grande que América del Sur.

Restaurar el 15% de los suelos degradados podría prevenir la extinción del 60% de especies en peligro.

Alcanzar la restauración de 350 millones de hectáreas de tierras degradadas y deforestadas en todo el mundo para 2030 (Desafío de Bonn) podría crear hasta 9 mil millones de dólares en beneficios netos.

La restauración, a través del sistema productivo agroforestería – que integra árboles, ganado y pastos-, tiene el potencial de aumentar la seguridad alimentaria para 1.3 mil millones de personas.

La restauración de los arrecifes de coral en Mesoamérica e Indonesia podría generar entre $2.5 y $2.6 mil millones adicionales en beneficios de servicios ecosistémicos por año.

La restauración de bosques y otros ecosistemas de cuencas podría ahorrar, a los servicios de agua en las ciudades más grandes del mundo, $890 millones de dólares cada año en costos de tratamiento de agua.

Evitaría las migraciones de 700 millones de personas debido a la degradación de los suelos y el cambio climático para 2050.

“Implementar prácticas productivas compatibles con la conservación y restauración de nuestros ambientes naturales es imperiosamente necesario. Estas prácticas deben asegurar la equidad en el acceso a los recursos naturales; el reconocimiento de los derechos humanos; el respeto de los conocimientos ancestrales; la protección de la biodiversidad – que es la base del sistema productivo -; la eficiencia en el uso de recursos, materiales y energía; la economía circular y el consumo responsable” añadió Jaramillo.

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