Sociedad

Treinta años de un programa exitoso

El programa ProHuerta de INTA cumplió este mes tres décadas de vida. Lo que surgió como una herramienta contra el hambre se convirtió en un motor que promueve los beneficios de la agroecología en todo el país. El Sureño conversó con Susana Aressi, integrante del equipo de ProHuerta en la zona norte de Tierra del Fuego.     

Susana Aressi junto a representantes de UATRE y RENATRE, durante el programa que reconfiguró las huertas rurales de la zona norte de la provincia.

RIO GRANDE.- Desde hace más de 17 años la técnica en Producción Agropecuaria, Susana Aressi, forma parte del equipo nacional del programa ProHuerta. En Tierra del Fuego es una de las referentes en la materia. En diálogo con diario El Sureño, la profesional habló del programa y sus beneficios a nivel personal, comunal y nacional.

ProHuerta es un programa nacional del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria INTA. En cada región y territorio ProHuerta fomenta la agroecología, cultivo de hortalizas para auto consumo, la alimentación saludable, entre otros hábitos beneficiosos para las personas. A fin de cumplir con sus objetivos, el programa se adapta a la cultura a la idiosincrasia y costumbres de cada comunidad.

“Yo venía con una formación de una facultad de Agronomía enfocada a lo que es producción en tambo, horticultura muy comercial, con agroquímicos, que en ese momento era el boom. Y este programa nada que ver con todo eso”, recordó Susana Aressi, referente de ProHuerta desde hace 17 años.

“Es una actividad muy gratificante, en la que uno trabaja con personas que más allá de que uno sabe que es para autoproducción y lo que se hace es fomentar la agroecología, son personas que en definitiva quieren cambiar su hábito alimenticio y su calidad de vida. Hay un ida y vuelta. Por eso es un programa social”, agregó.

La producción de semillas para ciclos posteriores es parte del programa de capacitación de ProHuerta.

“A principios de 2001 estábamos sólo Enrique Livraghi y yo. Él como extensionista en Tierra del Fuego… fue mi mentor. Y aprendí cómo estar al lado del productor, involucrarme, hasta ser parte de la familia. Sentir la cultura, cómo piensan, cómo cultivan, por qué actúan de tal o cual forma. Es algo que no se puede separar y vos tenés que llegar. Imaginate que nosotros trabajamos, compartimos con ellos la tarea, comemos juntos. Son mi familia realmente”, insistió Aressi.

Semillas y plantas

Desde la capacitación, los cronogramas, la estructura, la provisión de semillas, el cultivo, la cosecha y la producción de nuevas semillas: todo se aprende y se enseña en ProHuerta. Los motivos para comenzar a trabajar con la tierra son muy variados según cada persona o institución: “La libertad que tiene el programa te permite llegar a personas que necesitan la agroecología como algo terapéutico, por la parte psicológica, por la parte de la contención, de salud. Acá hay muchos problemas de hipertensión, diabetes, obesidad y esta actividad ayuda muchísimo”, reconoció la técnica.

Aressi indicó que si bien la cultura en Tierra del Fuego es muy rural, esto no significaba siempre los mejores hábitos para la salud: “La gente rural, en general, se alimenta de mucha carne y mucha papa. Y era una necesidad cambiar un poco esa visión. Nuestros kit de semillas son de aproximadamente 14 especies de hortalizas. Y hay que aprender en un espacio reducido a trabajar con esa variedad. El modelo ProHuerta es un modelo de agricultura asociada. Es decir que tenés asociadas un montón de hortalizas que no compiten entre sí por los nutrientes y eso te permite cosechar en variedad”, explicó.

La cosecha: “Es un momento que te cambia la vida”, aseguró Aressi.

En cuanto al inicio del programa dijo: “La verdad a finales de los 90 ProHuerta se creó como una medida social para contrarrestar el hambre a nivel nacional. Sacar esos patios llenos de basura y lugares abandonados para que sean huertas comunitarias, siguiendo con las huertas educativas en las escuelas, en todas las instituciones. El programa ayudó a revertir situaciones muy complicadas en algunos lugares del país. Más de 2 mil familias tuvieron acceso al agua potable. Se movilizaron sectores a los que el INTA antes no podía llegar y lo hizo gracias a la creación de este programa social”.

Tres décadas después, INTA ProHuerta sigue creciendo. Son más y más personas las que se capacitan, comienzan sus propias huertas, devienen en emprendimientos o proponen la actividad por los beneficios que proveen; más allá de los frutos de estación. Hoy se conoce lo perjudicial de sobre explotar los suelos y del uso de semillas no naturales, junto con agroquímicos y otros elementos.

Además de producir agroecológicamente y de enfocarse en la producción para autoabastecerse ProHuerta también pasó a acompañar a productores que tenían venta de excedentes de sus productos: “Esto llevó a las ferias sociales, a la recuperación de semillas autóctonas, al trueque de productos, de semillas. Que si vos pensás, la semilla es patrimonio de la humanidad, lo mismo que la soberanía alimenticia. Y todo esto forma parte del programa”, dijo Aressi.

“Hoy, en las charlas que doy los productores cuentan, comentan. Ellos aprenden de mí pero yo aprendo de ellos todo el tiempo. Y la idea es despertarles inquietudes. Después ellos crean sistemas de cultivos alternativos, huertas en espacios que a uno no se le ocurriría. En Tierra del Fuego, al estar lejos de las unidades experimentales, la extensión se dedica en parte a realizar pequeñas investigaciones para innovar y optimizar el agrocultivo. La huerta austral fueguina es    muy diferente a lo que se hace en el resto del país. Tenemos que ayudar a que la gente tenga una huerta intensiva, que se aproveche al máximo”, detalló.

Huertas asociadas, con cerca de 14 variedades de hortalizas, el método para no desperdiciar recursos.

Para contactarse con INTA quienes tengan inquietudes pueden comunicarse al Facebook INTA ProHuerta Tierra del Fuego. Desde Cullen hasta Tolhuin hay huertas que trabajan dentro del programa: “La huerta en Radman de Gendarmería, las de las escuelas 37, 17 y 11; las huertas rurales de puestos y cascos principales de estancias, la que está en la Unidad Penitenciaria, todas están dentro de mi jurisdicción”, indicó Susana Aressi.

“Es un trabajo que no termina. Y te aseguro que la primera vez que sacás de la tierra el producto natural, creado con tu trabajo, te cambia la vida”, concluyó.