Sociedad

De Río Grande a China

Hernán Gaínza tiene 29 años, es profesor de arte, ilustrador freelancer y tatuador. Nacido en Jujuy pero fueguino por opción. Aunque admite que su gran pasión es dibujar, asegura que todavía es muy complejo vivir del arte. Hoy, a medio planeta de distancia, Hernán le contó a diario El Sureño cómo es vivir en China.

RIO GRANDE.- Hernán Gaínza es jujeño, como muchos, es fueguino por opción: “La isla siempre va a tener un pedaazo de mi corazón. A la primera que llegué, me enamoré del cielo. El cielo de Río Grande es una de las cosas que más extraño”, expresó el joven artista.
Actualmente reside en Tianjin en el distrito de Nankai, junto con su novia Laura. Tiene 30 minutos en bicicleta hasta la escuela de idiomas y 45 minutos de viaje en subte hasta el estudio de tatuajes dónde se está formando en el estilo tradicional del gigante asiático: “Por las mañanas uso una bici compartida; son bicis que están por todos lados y se habilitan con el teléfono. Me manejo mucho en bicicleta, en subte y caminando. El colectivo todavía es algo que no le agarro la mano”, detalló Hernán.
Y agregó: “Cuando llegué no entendía nada, estaba súper perdido. Pero hoy ya viajo a distintas ciudades como un chino más”.
En cuanto a su vocación, admitió: “Siempre me apasionó dibujar, pero poder vivir de esto me costó, todavía cuesta”.
Además de tatuar Hernán continúa dibujando, aunque de manera recreacional por el momento. Y entre las posibilidades, está el dar tutorías sobre tatuajes y arte.
“Aunque mencioné solo tres cosas, me interesan y entretienen muchas más: la escultura, el modelado, la producción de efectos prácticos para cine. En el último trabajo que tuve en la Isla estuve encargado de la parte estética y dramaturga del “Museo del Horror.” Un museo que recopiló los crímenes más atroces que sucedieron en Tierra del Fuego, y los presentó a través diferentes instalaciones que narraban cada caso. Fue un evento único del cuál me encantó participar”, siguió contando Gaínza.

Un nuevo idioma
Al momento de irse del país, Hernán no sabía hablar inglés; y aunque admite que tampoco es angloparlante de momento, ya se siente lo suficientemente seguro para entablar una conversación.
“Mi Laoshi (profesora) de chino me dicta las clases en inglés. Tengo que estar traduciendo 2 o 3 veces todo para llegar al significado en español´-relató Gaínza-. La verdad que nunca fui bueno con los idiomas y tampoco es algo que me apasione, son las circunstancias las que me obligan a aprender de manera intensiva. De todas maneras, hablando con la gente me voy apropiando de palabras y expresiones”.
Para enfatizar la diferencia estructural de la lengua china con el castellano, Gaínza explicó que aprender chino, de la forma en que está haciendo actualmente, es casi como estudiar tres idiomas a la vez: los caracteres; el pinyin o deletreo Han, que es la escritura con símbolos latinos, para poder leer los caracteres; y los sonidos; “cada palabra puede llegar a tener cuatro significados distintos, según el sonido”, detalló.

El viaje
Con bastante diferencia horaria, y al reflexionar sobre cómo llegó a China, Hernán reconoció que al principio, estaba muy reacio a emprender el viaje.
Sin embargo, otra vez, las circunstancias hicieron que se viera recorriendo varios kilómetros en poco tiempo: “Al principio era una vaga posibilidad, casi cómo chiste. Era mi novia la que se iba y yo me quedaba en Baires trabajando en un concesionario. Bruno Martínez, mi amigo y hoy presidente de Puerto Global, me ofreció que trabajásemos juntos en algo que había maquinado con el viejo. Me fui para la isla sin dudarlo. Yo tenía un trabajo seguro y todo… pero no me sentía cómodo dónde estaba. Cuando llegué a la isla nunca me imagine que íbamos a crear “El Oasis: Puerto Global”. Es el primer espacio dedicado al desarrollo tecnológico y multimedia. Le decimos “oasis” porque valoramos las ideas y procuramos tener un espacio de trabajo no tóxico”, explicó el artista.
El plan original de Hernán era esperar a que su novia volviese al país, terminar el trabajo que lo había traído a Tierra del Fuego, y regresar a la ciudad de Buenos Aires.
“Cuando el viaje a China se volvió una posibilidad concreta y palpable el corazón se me partió en dos. A Bruno, mi socio, le dolía que me fuese, pero cuando le pregunté ‘¿vos qué harías en mi lugar?’ me respondió ‘yo viajaría’… Fue mi decisión la de viajar; pero me alivió muchísimo saber que él y todos los nuestros me apoyaban en esta nueva aventura”, expresó Hernán.

El desarraigo
Al nombrar las cosas que le resultan más difíciles estando tan lejos de Argentina, geográfica y culturalmente, lo primero que nombra es el hecho de no poder comunicarse de manera plena aún: “A mí particularmente me gusta hablar en el trabajo, conversar con el cliente cuando estoy tatuando, llegar a conocer un poco más”, explicó.
Pero el idioma es sólo parte del desarraigo: “Extraño mucho todo, de Jujuy a mi familia de sangre, mis amigos de letras y la comida. De la Isla esos cielos únicos, los amigos de luchas y a Lucy. Todas las movidas que se hacen allá que son geniales; estando acá me doy cuenta lo activa que es la ciudad con respecto a eventos culturales”, dijo Gaínza.
Otro de los aspectos de la vida cotidiana en los que se remarca la diferencia es la forma de comer: “Laura es vegetariana, y yo no soy fan del asado. Vengo de un hogar humilde donde me enseñaron que hay que agradecer tener un plato de comida antes de ponerse exquisito, así que me adapto. Las comidas chinas son muy variadas. Usan muchas verduras y tofu. El pescado y productos de mar están muy presentes. Las harinas de trigo y el azúcar, no es común que te las vendan en la comida de la calle o restaurantes tradicionales. Los baozi y el jiaozi es algo que me encanta. Son unos bollos rellenos cocinados al vapor. Es bastante sana la dieta que llevo, aunque extraño el café argentino y las galletas dulces”, describió.
Además de las galletitas dulces, según Gaínza, hay cosas que son casi imposibles de conseguir allá como el dulce de leche o el café.

¿Planes a futuro?
El mes que viene Hernán viajará a Tailandia para explorar nuevas posibilidades relacionadas con la exportación e importación: “Quiero ver si puedo hacer un puente entre Argentina y China, pero veremos qué depara el futuro. Hace dos semanas estuve en la Go Global donde conocí a personajes de las diferentes cámaras de Sudáfrica y el noreste de China. Intercambiamos tarjetas y algunas palabras. Además, existe la posibilidad de seguir viajando un poco más. De todas maneras, mi corazón sigue en Argentina. Uno puede viajar y conocer los sitios más hermosos del mundo y sin embargo nunca dejar de amar y extrañar ese lugar que llama hogar”, concluyó Hernán Gaínza.

Niñas chinas, vestidas con ropas tradicionales, que usan las mujeres sólo para ocasiones especiales.
Una casa en He bing he yuan, un lugar al que los invitaron para pasar unos días en una quinta de campo.