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En 2018 Ushuaia donó 932 kilos de aluminio al Garrahan

Además de proporcionar recursos económicos al nosocomio para que puedan seguir cuidando la salud de los niños de todo el país, se evitó que el material se entierre en el relleno sanitario de la ciudad.

 

USHUAIA.- Al fenómeno generado por el programa de reciclado de la Fundación Garrahan que impulsa naturalmente a la mayoría de la población  a recuperar las tapitas plásticas para donarlas al Hospital de Pediatría; paulatinamente se está sumando a los hábitos de reciclaje de la ciudad, la recuperación de las latas de aluminio con el mismo objetivo: donarlas para generar recursos para la salud y evitar que sean enterradas en la isla.

Desde mediados del año pasado, la Fundación Garrahan incorporó las latas de aluminio a su programa de reciclado y en todo el país, se comenzaron a acopiar latas para enviar a Buenos Aires junto con las clásicas tapitas, el papel, las llaves y las placas radiográficas. Sólo entre octubre y diciembre de 2018,  Ushuaia juntó 932 kilos de aluminio -lo que equivale a 69.000 latas- y las envió a Buenos Aires dentro del último embarque.

Tal como ocurrió con las tapitas, que motivó la aparición de cientos de “tapiteros” a comprometerse acopiando, separando y enseñando a otros a reciclar; ya hay muchas personas que comenzaron a dedicar su tiempo libre a juntar latas de aluminio mientras recorren la ciudad y otros que donan parte de su tiempo, recogiendo lo que acumulan los kioscos, restaurantes y bares que ya se acostumbraron a no tirarlas a la basura.

El viernes 25 de enero en horas de la noche, unas 30 personas salieron a trotar por calle San Martín y mientras tanto, juntaban las latas que encontraban a su paso. La actividad fue denominada “Primer Plogging Nocturno de Ushuaia” y permitió recolectar en sólo un par de horas, 4020 latas de aluminio para donar al Hospital de Pediatría de Buenos Aires.

Con anticipación, se había acordado con la Cámara Gastronómica y Hotelera que el viernes por la noche pasarían a juntar todas las latitas que juntaran en bares y restaurantes por el término de una semana. A partir de esta primera experiencia, varios restaurantes se comprometieron a seguir guardándolas y en algunos casos, los voluntarios pasarán a recogerlas dos veces por semana, por la cantidad de consumo que tienen.

“Como primera experiencia en la recuperación de latas en los supermercados y con este formato, fue algo muy positivo porque son muy pocos los restaurantes que tienen esa conciencia de recuperar las latas. Con las tapitas casi todos están involucrados pero con las latas, al ser algo nuevo, no lo tenían en su conciencia”, señaló Viviana Remy, referente voluntaria de la Fundación Garrahan en Ushuaia.

Remy afirmó que “ya hay muchas personas que están haciendo en forma silenciosa y constante este trabajo de la recuperación de las latas” y que todas las que se juntan, se acopian aplastadas y en bolsas, para ser enviadas a Buenos Aires en abril, cuando se realice la primera juntada del año.

“Mientras tanto, seguimos haciendo plogging por la ciudad y alrededores, camino al Glaciar, Bahía Golondrina, Estancia Túnel, por las distintas calles de la ciudad. Podemos decir que es increíble la cantidad de gente que deja las latas tiradas en las veredas, en el bosque, en los cestos de residuos y ver que cada vez hay más gente que se involucra para recuperarlas. Es un orgullo porque es un material muy valioso para la fundación”.

El reciclaje de latas de aluminio ahorra valiosos recursos naturales, energía, tiempo y dinero. La Fundación Garrahan vende todas las latas que se juntan en el país, a una empresa que las funde y transforma en lingotes, barrotes, bateas o granalla con las que se fabricarán perfiles para construcción, ventanas, puertas, llantas para bicicleta y auto, iluminación y diferentes elementos para la industria automotriz, entre otros.

Reciclar el aluminio reduce en un 95% la contaminación atmosférica generada durante su fabricación y fabricar aluminio a partir de aluminio reciclado requiere el 90% menos de energía que partir del mineral original.

 

A partir de esta primera experiencia, varios restaurantes se comprometieron a seguir guardándolas.
Viviana Remy: “Ibamos trotando con las bolsas haciendo ruido, así que imposible pasar desapercibidos”.