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Veteranos de Mar del Plata cuentan sus vivencias

“Durante el conflicto de Malvinas la ciudad de Río Grande estuvo en peligro”. Lo dijo Carlos Alberto Brunini, uno de los tres integrantes, en 1982, del Batallón de Infantería de Marina nº 1 que vino desde Mar del Plata y estuvo apostado en la estancia José Menéndez. Hoy, piden que se conozcan sus historias, sus hazañas, y el honor de poder desfilar en las calles de la ciudad que juraron defender.

Antonio, Mora y Brunini, con losdocumentos que recopilaron para este pedido, y el reconocimiento de ARAC, desde Francia.
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RIO GRANDE.- La unidad que integraban Carlos Brunini, Jorge Antonio y Guillermo Mora llegó a Río Grande teniendo en sus filas ya tres bajas. Los héroes nacionales Cap. Pedro Edgardo Giachino, segundo comandante del BIM nº1; y los dos conscriptos infantes de Marina, Jorge Águila y Mario Almonacid. Los soldados del BIM1 estaban practicando combate con munición de guerra, y combate real (esto incluía granadas, lanzacohetes, ametralladoras, morteros, todo eso, con munición de guerra); cuando llegaron a Río Grande el 30 de abril, se apostaron en la estancia José Menéndez. Tenían apenas 18 y 19 años, y estaban pisando la isla de Tierra del Fuego, por primera vez, dispuestos a dar sus jóvenes vidas por su país.

“Estuvimos a punto de embarcar un vuelo que nos llevaba a la zona de combate en las islas. Pero en ese momento, vino una contra orden, de que no vayamos porque había posibilidad que nos bajen en el vuelo. Fue por eso que vinimos a Río Grande. Y la verdad que entre otras cosas, en ese momento lo vivimos como una frustración”. Narró Jorge Antonio.

Hoy, vienen a relatar hechos desconocidos, que ocurrieron a pocos kilómetros de los centros uranos de Río Grande: “Venimos desde Mar del plata; a buscar algo que sentimos internamente perdido. Yo por lo menos, siento que dejé algo en este lugar. Con 18 años tuvimos una experiencia, por un lado grata; pero muy compleja. No sabíamos si íbamos a quedarnos en Río Grande o si nos iban a embarcar para pasar a las islas”, expresó Guillermo Mora.

Durante el conflicto, el BIM nº1 tenía clara orden de permanecer alerta, porque el ataque enemigo, era inminente: “Vivimos momentos de tensión, y eso también lo vivió la población de Río Grande. Recuerdo que no se podía iluminar la ciudad, los camiones debían circular con apenas un centímetro de luz en los faros, nosotros y los civiles”, recordó Brunini. Y agregó: “Se dice que hicimos logística, y eso merece un reconocimiento. Y si bien la logística, es importante, la verdad es que nosotros no hicimos logística, nosotros defendimos esta parte de Río Grande”, diferenció el veterano. Aunque reconoció, que no estuvieron en la zona propiamente dicha de enfrentamiento armado.

Tres alertas rojas

Brunini destacó que era sabido que desde Río Grande se le estaba haciendo muchísimo daño a la flota inglesa. Y aseguró que puede detallar por lo menos tres alertas rojas. Además, la Unidad en la que se encontraban Brunini y sus camaradas, formaba parte del Batallón 1, designado como el primero que debía entrar en combate de ser necesario: “Hubo intentos de sabotajes, e incursiones enemigas. La alerta amarilla, era parte de los simulacros, pero la alerta roja no. cuando te dicen “Alerta Roja”, vas con el arma cargada hasta tu destino”, explicó.

La primera alerta roja fue por el ingreso de un helicóptero inglés a Río Grande: “Ese Helicóptero, tenía una misión de espionaje en Río Grande. Hoy lo sabemos, después de varios años, y por haber hablado con el piloto inglés, que lo pude ubicar por internet”, empezó narrando Brunini. “El helicóptero traía a sus comandos -continuó-. A mí me avisa mi jefe de sección que prepare mi pelotón para ir en busca de ese helicóptero. Y vos sabés que un comando, ya sea argentino o Inglés, vale por seis de nosotros; nosotros éramos seis, y no venía un solo comando, fuimos a morir, y así nos despidieron”.

Entre los detalles, Brunini y Antonio recuerdan que ni siquiera les dieron mucho de cenar esa vez, porque era seguro que no iban a volver. Al salir, les entregaron una de las cajas con provisiones. Y marcharon a encontrar el helicóptero enemigo: “La caja tenía la inscripción, ‘Para los soldados que están en Malvinas, o en el Sur argentino”, recordó el veterano.

Los soldados, recorrieron el camino desde la estancia José Menéndez hasta Radman, a la policía fronteriza. Allí se encontraron con Eduardo González, en ese tiempo sargento de la comisaría: “Él nos acompañó a caballo, como guía. Nosotros teníamos que cubrir hasta el Hito 19. Él realmente, fue un héroe. No hizo falta que saliera de su ciudad, pero su comportamiento fue heroico”, recalcó Brunini.

Pero el helicóptero detectado, ya había ingresado a Río Grande: “Bajó en Río Grande, estuvo por 5 minutos, bajaron los comandos, y el helicóptero siguió hacia Chile. El señor Richard Hutchings, hoy coronel retirado, fue quien piloteó el helicóptero. Todavía es el coronel inglés de mayor condecoración en todo el conflicto. Hoy yo sé que nosotros fuimos hacia el sur cuando, para encontrarlos, deberíamos haber ido hacia el norte; porque nosotros cumplimos las coordenadas que nos dieron”, agregó.

Los 25 integrantes de la unidad, se encontraron recién casi 30 años después, y recordaron la segunda alerta roja: “Desde la base nos dijeron que había un ataque inminente. Y nosotros tuvimos que hacer la ruta que va hacia María Bety, quedarnos ahí desde las 20 horas, hasta las 4 de mañana, en unos zanjones. El enemigo finalmente no se presentó, hoy creemos que fue porque se dieron cuenta que habían perdido el factor sorpresa”, narró Brunini.

La tercera alerta roja, fue una que por años, generó dudas al propio Brunini, que la vivió: “Nos mandaron hacia una parte en donde se habían escuchado disparos. Yo personalmente, recuerdo más de dos mil disparos. Pero recién cuando encontré mi cabo segundo jefe, y le pedí que relatara lo que él recordaba, pude corroborar, y aparecieron los disparos”, explicó.

El recorrido, había fuera de la estancia hasta el puente viejo, pero en un punto se les da la orden de regresar. Al día siguiente los forman diciendo que los disparos habían sido de una ametralladora Mag, y que eran los infantes de marina recién incorporados quienes los habían producido: “Nosotros sabíamos que algo no estaba en claro. Yo les comentaba a mis compañeros que fue ahí, la primera vez que tuve pánico; no miedo, sino sentirme paralizado por el pánico. Lo que nos decían es que ahí, bajo el puente, en el agua, se podían introducir buzos tácticos. Eran guardias de dos horas, de pura tensión. Y cada vez que nos relevaban, teníamos que dar la voz de alto y esperar la respuesta”, relató Antonio, a quien la experiencia, le valió años de pesadillas que su familia aún recuerda.

“Río Grande, como su nombre lo indica, tiene una historia grande. Acá pasó a la gloria el muerto número 649, que quizás muchos no estén enterados. Que es el teniente Aviux, que estaba desarmando el minado de 2500 metros en forma de herradura que se había hecho para defender la base aeronaval”, remarcó Brunini.

El lunes, por primera vez, volvieron a la base aeronaval, y visitaron algunos de los 95 bunkers, que están allí como testigos, a pesar del tiempo: “Después de 36 años regresamos a este lugar. A los lugares donde con 18 y 19 años estuvimos, en medio de una guerra, sin quererlo por supuesto. Pero estábamos ahí. Con algo así como hambre de venganza por un lado, con la mente de un chico de 18 años. Y hoy 36 años después gracias a Dios, podemos contarlo”, destacó Antonio.

El hecho más lamentable, según todos recuerdan, se dio en un puesto de guardia, desde donde los soldados debían detener a cada vehículo que se dirigía hacia Chile: “Hubo una madre, con su hijo, que no hicieron caso, porque no escucharon o lo que fuera, pero no obedecieron la voz de alto. Ese soldado que estaba allí, tuvo que abrir fuego, y esa madre, con su hijo, fueron muertos. Y eso es algo que nosotros, todos, llevamos en nuestra mente”, relató el Brunini.

Y con dolor, recordó que cuando regresaron, recibieron la orden de callar todo, junto con una amenaza  hacia sus propias familias. Luego de años, décadas, de silencio, Brunini y sus compañeros, tienen un sólo sueño: “Nosotros lo único que les pedimos es que cada uno de los soldados que participamos acá en Río Grande, que pudiéramos llegar, un 2 de abril y desfilar en sus calles. No les pedimos dinero, ni una propiedad, si no simplemente que nos ayuden a sanar el alma. Porque Río Grande, es lo que nosotros defendimos. Yo serví a mi patria acá. Pero habemos muchos soldados, que tenemos mucho amor por Río Grande. Y pedimos, que todo esto que pasamos, no sea inútil”, dijo el veterano Brunini, con la voz quebrada por la emoción.

“Pedimos que nos permitan tener ese honor. Y terminar de reencontrarnos, de cerrar una herida que lleva 36 años”, concluyó Mora.