Y esto a pesar de que hasta no hace demasiado se definía como un político cuasi retirado de cualquier pretensión electoral. No sonó a casual que haya protagonizado una explosiva aparición pública un día antes del debate de ese proyecto en el Senado, para denunciar un Estado "policíaco" y el uso de "un lenguaje bélico ajeno a la democracia".
Sus razones actuales son profundas y apuntan a que nadie de la oposición ha sido capaz de capitalizar, tras el comicio de 28 de junio, el liderazgo de las fuerzas opositoras. Esto le ha permitido al kirchnerismo una impensada recomposición de fuerzas, a pesar del escaso apoyo popular que parecen cantarle las encuestas.
Entonces, el bonaerense se ha propuesto comandar esas anárquicas tropas antikirchneristas y acrecentar las chances de un Justicialismo al cual hoy ve en derrota en las urnas. Pero, claro, el camino no le será tan fácil porque tampoco él cuenta con una masa crítica de aceptación social que le garantice un horizonte.
Eso sí, mantiene diálogo fluido con corporaciones empresarias, como la UIA y las del campo, como para construir una plataforma de lanzamiento.
En que allí saben que es partidario de un dólar bien alto que garantice la competitividad de las producción fabril y agrícola, más su posición de una apertura amplia del comercio exterior. También hizo una jugada importante a favor del bipartidismo, ante el convencimiento que cualquier aspiración sólo puede partir de dos fuerzas que compitan, el PJ y la UCR, sin que nadie disperse fuerzas.
Por eso es que apareció en Córdoba con Ricardo Alfonsín, donde denostó a cualquier otra expresión partidaria.
Distinta a la construcción que tiene en mente Néstor Kirchner de afianzar una base justicialista en alianza con sectores de la centro-izquierda, de claros frutos en el Parlamento. Por ahora, al PJ lo mantiene disciplinado con los premios y castigos a la caja nacional centralizada.
Mientras que se jugará a todo o nada con su postura supuestamente en contra de los grandes intereses corporativos y por ende a favor de los intereses populares.
El ex presidente casi no ha aparecido en público durante los últimos tiempos, aunque mantiene innumerables reuniones con dirigentes justicialistas y extrapardidarios en pos de ese objetivo.
A los dirigentes del denominado progresismo les anticipó el avance de proyectos que sonaron como música para los oídos: como una ley de entidades financieras, o una normativa, con limitaciones, para despenalizar casos de abortos.
El gran problema para Kirchner y Duhalde está dentro del propio partido mayoritario, que se encuentra en virtual estado deliberativo, tras la implosión del 28 de junio.
Es que el denominado Peronismo disidente no quiere perder el espacio ganado en las urnas, y tratan de consolidar la alianza conformada entre Carlos Reutemann, Jorge Busti, Felipe Solá y Francisco De Narváez.
Esto sector prepara un acto para el 17 de octubre en Obras Sanitarias, es decir, de cierto tono modesto si se tiene en cuenta la cantidad de militantes que puede ingresar en ese estadio cerrado. Los organizadores lo invitaron a Duhalde y podría asistir, a pesar que el candidato principal de los disidentes es Reutemann y en segundo término aparece Solá.
Sin embargo, al ex gobernador y presidente le exaspera los tiempos y el lenguaje que siempre utiliza el ex corredor de Fórmula Uno, y a Solá no le ve las uñas de guitarrero necesaria para la pelea que se viene.
Además, hay otros dirigentes que se anotan en la grilla de largada presidencial, como Mario Das Neves y hasta se ilusiona el salteño Juan Manuel Urtubey, que ha tomado distancia del kirchnerismo.
Por su lado, Kirchner, Daniel Scioli y Alberto Balestrini tendrán su acto del Día de la Lealtad en el Teatro Argentino de La Plata, casi un lugar de cábala para el santacruceño. Aunque en este caso, vale aclarar que la unidad entre ellos ya no es la de entonces, ya que Scioli y Balestrini mantienen cada vez más diferencias con su jefe político.
No obstante, los graves problemas financieros que viene la provincia mantiene atado a la gobernación a la Nación, ya sea para el dinero para los municipios como para los necesarios planes sociales, virtuales extinguidores de incendios.
Tanto Kirchner como Duhalde tienen como gran desafío captar a los necesitados jefes comunales, los cuales quedaron con las facturas pendientes por el engendro de las candidaturas testimoniales.
Duhalde confía en rearmar su tropa histórica, mientras que del lado oficial están recorriendo las provincias, los ministro de Agricultura de la Nación, Julián Domínguez, y de la provincia, Ariel Franetovich.
A todo esto, Elisa Carrió volvió a aparecer en escena para anunciar la conformación de su nuevo partido que la tiene como figura excluyente. Eso sí no dejó pasar la oportunidad para denunciar un intento destituyente por parte de fuerzas opositores encabezadas por Julio Cobos, tras una reunión de oposición a la Ley de Medios.
De inmediato, desde el cobismo salieron a denostar a Carrió y hasta ironizaron sobre sus formas de hacer política: "Habla como aquella predicadora que baja de la montaña a adoctrinar a sus discipulos".
Desde el Gobierno también ven cierto aire conspirativo por parte de fuerzas opositoras, y hasta creen que de ellas partió el intento de potenciar el conflicto callejero en la alimenticia de la ex Terrabusi.
El más explícito fue el abogado de la CGT Héctor Recalde, quien ató este conflicto con la intención de generar un clima de inquietud social antes del tratamiento de la norma en el Senado. Fue por ello que el Gobierno, directamente, impidió que las manifestaciones pasaran a mayores, ante el temor de que algún muerto vuelva a cargar sobre las espaldas de la política de la Argentina y forzara un drástico cambio de escenario.