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Cochayuyo: súper alimento

Estudios difundidos por la Universidad Católica de la Santísima Concepción de Chile, destacan al Cochayuyo como un producto para incorporar a la alimentación saludable por sus propiedades antioxidantes, antimicrobianas y anticancerígenas

RIO GRANDE.- Un alga que se encuentra fácilmente en nuestras costas podría aportar grandes beneficios a la salud de la población si se lo incorporara en la alimentación diaria. Según investigaciones realizadas por profesionales de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de la Santísima Concepción de Chile, la Durvillaea Antárctica o Cochayuyo posee propiedades anticancerígenas y antimicrobianas además de antioxidantes que la convierten en un alimento muy saludable.
La búsqueda de productos de esta naturaleza, ha permitido redescubrir una serie de alimentos y preparaciones culinarias tradicionales de los pueblos ancestrales, señala investigación de la UCSC. La identificación alimentaria a través del patrimonio gastronómico entrelaza no solo a la alimentación, sino también el territorio y la analogía o construcción social que le dan las comunidades a sus platos típicos.
En la zona costera de Chile, las algas recolectadas son destinadas no solo a un fin comestible. Se emplean, además, como base en la elaboración de fertilizantes, combustibles, productos farmacéuticos y/o nutracéuticos. En el ámbito alimentario el consumo de macroalgas es habitual en los países asiáticos, no así en colectivos occidentales, en donde en forma indirecta, sus beneficios nutricionales se han traspasado a la cadena alimentaria humana a través de la adición de algas marinas a la dieta de animales.
Una de las principales macroalgas corresponde a la Durvillaea Antárctica o Cochayuyo. Desde un punto de vista nutritivo, es una fuente de proteínas, vitaminas, minerales y fibra dietaria del tipo soluble, con aplicaciones industriales como alimento funcional. Su extracto, puede ser usado en el envasado sostenible de alimentos activos por la industria alimentaria como bionanocompuestos antioxidantes en un simulante de alimentos grasos, identificando, además, actividad antiséptica frente a microorganismos como Escherichia Coli.
Otro uso descrito es como un ingrediente más de alimentos elaborados. En el estudio dirigido por Astorga y colaboradores se realizaron una serie de preparaciones culinarias en donde se incluyó como uno de sus ingredientes al Cochayuyo. Su incorporación, dada su composición química, ha resultado beneficiosa, destacando bajo aporte de lípidos, concentraciones moderadas de proteínas (que alcanzaron hasta el 12,7%) y una variabilidad de fibra dietaria, en rangos entre 1,3 a 18,9%.
Otra de las características de este alimento es el actuar como modulador del sistema inmune, efecto identificado en investigaciones celulares. Además, el estudio dirigido por Kennedy permitió evaluar su potencial antioxidante y anticancerígeno en ensayo in vitro, debido a la presencia de fitoquímicos existentes como alcaloides, esteroides o saponinas, entre otros.
Sumado a lo anterior, el Cochayuyo cumple otro rol que es necesario destacar, como es el de entrelazar la historia y significación de nuestra cultura alimentaria. Su consumo fresco y por, sobre todo, deshidratado, se menciona en relatos precolombinos de áreas costeras, en donde se usaba este producto como trueque con las comunidades agrícolas de la época. En la actualidad, si bien es un alimento presente en el imaginario colectivo, su acercamiento se relaciona más a la forma de extracción intergeneracional y artesanal a través de las “algueras”, que a su forma de consumo.
“La subestimación histórica del Cochayuyo como producto alimentario patrimonial puede vivir un cambio de paradigma. Estamos coexistiendo con la oportunidad de recobrar y fortalecer nuestras raíces culinarias a través de este alimento. Su alta estimación nutricional y funcional constituyen una posibilidad de mejorar la calidad dietaria de las preparaciones culinarias consumidas por la población, reforzando el patrimonio gastronómico, con un producto que ha traspasado generaciones, con recetas culinarias clásica pero también, incorporada en la alta gastronomía, lo que podría aumentar su consumo en la población, aportando de esta manera a las políticas públicas destinadas a una alimentación más saludable”, afirmaron los investigadores.